Por su talón es Aquiles


“El que no imagina es como el que no suda; almacena veneno”– Truman Capote

“La ciencia es un juego en el que se debe ser creativo. Mis padres me enseñaron que es posible equivocarse y que hay que volverlo a intentar. Por eso le  tomé cariño a la ciencia”, declaró hace unas semanas Hélène Langevin-Joliot.

Hélène nació en una familia de reconocidos científicos. Sus abuelos fueron Pierre Curie y Marie, famosos por su estudios de la radioactividad, siendo Marie la primer persona en ganar dos Premio Nobel, el primero de física con Henri Becquerel en 1903, el segundo fue en química (1911) con su descubrimiento del radio y el polonio.

Del mismo modo, sus padres ganaron el Premio Nobel de Química en 1935 por su descubrimiento de la radiactividad artificial. Pierre Joliot, su hermano y biofísico, ha hecho contribuciones al estudio de la fotosíntesis.

Hélène Langevin-Joliot tenía 8 años cuando sus padres fueron nobelizados. Ella será doctora en física, investigadora en el Instituto de Física Nuclear de Orsay, autora de artículos sobre reacciones nucleares, y desde 1995, divulgadora de historia de la Física, de “la vía de lucha contra el cáncer abierta por los Curie” y del papel de la mujer en la ciencia.

De familia le viene también su compromiso con la sociedad: los Curie se negaron a patentar personalmente sus hallazgos, convencidos de que “los descubrimientos científicos son patrimonio de la Humanidad”.

¿Qué hay de innato y de adquirido en cada uno de nosotros?

Según el filósofo francés, Michel Foucault, el entramado de poder, conocimiento y subjetividad toma formas y mecanismos diferentes, en su libro Sociedad Disciplinaria/Sociedad de Control Foulcault expresa que en estas sociedades el individuo pasa sucesivamente de un círculo cerrado a otro, de institución en institución (la escuela, el cuartel, la fábrica, el hospital, la cárcel, etc.), en estas instituciones se llevan a cabo acciones de moldeamiento y ductilización del cuerpo. Se inscriben en el sujeto una serie de hábitos y normas que perduran más allá de los muros de la institución.

Durante la Primera Guerra Mundial, Marie creará las petites curie, puestos móviles de rayos X para operaciones de urgencia. Y, con riesgo de su vida, formará enfermeras en la incipiente radioterapia.

Su hija Irène será más tarde una de las primeras mujeres ministro de Francia, en el Front Populaire del socialista Léon Blum. Y Ève se destacará en la Resistencia contra la Ocupación alemana. Por su parte, los Joliot-Curie integrarán, bajo De Gaulle, el Comisariado de la energía atómica.

“La visita del museo de Hiroshima –dice Hélène, comunista de carnet– me marcó para siempre. Felizmente, los jóvenes saben que habitamos un mismo planeta, que somos hermanos y serán los mejores portavoces de una cultura de paz. Porque la seguridad común sólo puede reposar en el desarme y la negociación”.

Aquí un paralelismo entre ciencia y filosofía, y entre lo que pretende el sujeto colectivo y el individual. ¿Hasta qué punto uno tiene la grandeza de entregar lo que  cree que le pertenece, como lo es el conocimiento, a cambio de nada?

El filósofo francés detalla que la subjetividad está vinculada a una interpretación que se realiza sobre la experiencia, por lo que sólo es accesible a la persona que atravesó la vivencia en cuestión.

Pero si retomando a Hélène, a quien le gusta dar charlas en los Institutos para animar a las jóvenes a que se conviertan en buenos científicos, como lo es su familia ya que este año se cumple el 75 aniversario del descubrimiento de la radiactividad artificial que realizaron sus padres y que, por cierto, abrió la puerta para la fabricación de la primera bomba atómica. “Mis padres eran pacifistas. Los científicos no somos responsables del uso que se hace de nuestros descubrimientos” relataba ella.

Abanderada de la lucha contra los recortes en ciencia que ha realizado el gobierno español en los últimos años, declaró: “Es un problema terrible que muchos jóvenes no tengan dinero para estudiar en la universidad”. Esto le pasó también a su abuela, pero afirma que es “increíble” que suceda lo mismo 150 años después y califica este hecho “incluso, de terrorismo”.

La ciencia es arte, ella misma se re inventa en pos del bien común, “ayuda a pensar, a imaginar” declaraba Marie Curie por lo que de esta forma, coincide con la observación de Foulcaut donde “el sujeto desarrolla sus propias opiniones, de acuerdo a su percepción particular y determinadas por lo vivido” .

Según Hélène “la investigación es una actividad a largo plazo, pero la sociedad pide resultados inmediatos. Esa presión hace que los investigadores no optimicen su creatividad para producir cosas nuevas que aporten a la sociedad, pues deben producir algo inmediato que justifique el dinero que se ha invertido en ellos. Es una gran pena, porque la creación tiene un proceso que no es lógico: puede resultar o no”.

Pero no todos tienen a su vez esta capacidad, es así que Michel Foucault habla de que “dichas capacidades van de lo individual a lo colectivo, y se llevan a cabo a través de una organización del trabajo de manera informal y única”, porque todos los seres humanos tenemos nuestra propia forma de expresar dichos pensamientos y realizar las acciones respectivas.

Hay que organizar una sociedad donde los individuos puedan  por medio de la educación fomentar sus vocaciones.

“En vacaciones hacíamos mucho deporte, y en esos días nunca hablábamos de ciencia. Mi familia siguió la tradición de hacer ciencia…nunca sentí la  presión de ganar un premio Nobel. Si hubiera sido así, mis padres me habrían dañado la vida. Hay científicos que han vivido infelices por estar detrás de un Nobel”, comentaba ante los periodistas españoles, a fines de Mayo pasado, la nieta de Marie Curie.

Y esa vivencia se transformara en universal con la capacidad de saber y entender de que más allá de la debilidad que llevan los premios, los descubrimientos le pertenecen al pueblo, porque después de todo somos gracias a otros que estuvieron velando por nosotros. Entender que Aquiles es por su talón, es entender que nada nos pertenece sino que formamos parte de un colectivo, y es eso lo que nos hará realmente inmortales.

Todos tenemos debilidades, que según como se las moldee, nos darán vida o no.

Gracias por el tiempo.

Que disfruten de la partida.

Aquí les dejo un video donde se la ve a Hélène, dando un discurso en la Universidad de Paris Sud.