Creer para crear


“No es la luz, lo que importa son esos segundos de oscuridad”

Decidir creer lleva consigo una enorme responsabilidad, tanto para el que pide que le crean como para el que acepta ese pacto implícito. ¿Y esto por qué? Porque el verbo en cuestión conlleva una acción, quizá la más fuerte y movilizadora de todas, la que hace que esté ligado a lo más profundo de nuestros sentimientos. Algunos relacionan creer como un acto místico y religioso, lo más parecido en estos tiempos a lo relacionado con lo que circula en las redes sociales, que tendría el efecto de palabra santa.

Creer es tener fe, y, como dicen, la fe mueve montañas.

Nadie puede realizar por nosotros esta acción, ya que es propia de cada individuo por más que esté naturalizado, por eso, quien sabe manipular en masa las voluntades, sabe que tiene entre sus manos una herramienta poderosa.

Entonces el verbo creer, usado por los comunicadores, va de la mano de la confianza. La confianza es la meta. La confianza es el petróleo de esta época. El elemento preciado por lo que compiten para llegar al poder. No existiría el mercado sin ella. Sin ellos no existiría la justicia, y sin ella no hay ilusión, y sin ilusión estaríamos aislados, seríamos sujetos ermitaños, egoístas, temerosos, y a la vez muy vulnerables. Dudar de todo de forma patológica nos debilita como individuos sociales, quedando en jaque nuestro compromiso con la sociedad.

No resulta extraño que en tiempos de gran desconfianza universal, a la que llamaré la “era de la gran desilusión”,las películas más vistas sean las de súper héroes. Personajes taquilleros que en su mayoría son personas marginales, que viven solos, y que reniegan de ellos mismos y de sus poderes. Pero, y he aquí la gran paradoja, serán ellos también los que no solo confiando en sí mismos lograrán ser héroes o heroínas como la Capitana Marvel, sino que sí o sí la única salida del caos sería la unión de todos los héroes, lo que llevaría a salvar al mundo

Queda claro que sin confianza estamos a merced de lo que sea, y “ser” hoy cuesta mucho. Creer, el verbo, cotiza y muy caro y hacer que este verbo vuelva a estar vigente cotizará más aún.

Creer para crear, confianza para ser, nos marcará el camino a la esperanza, y si hay esperanza hay un sueño, y si lo soñamos corremos el peligro de que se haga realidad.

Naturalizar la desconfianza, la mentira, el engaño, no es sano. No está bien. Y lo sé por experiencia propia. Después de dos años volví a escribir una editorial, traje al equipo de vuelta, y aquí estamos intentado, que no es poco, a entender esta nueva era. Lucharemos para hacerte saber que la mentira existe y existirá siempre pero está en cada uno de nosotros madurar y darle valor a la acción que depositábamos en los otros como algo natural, empezar a darle valor real a nuestra experiencia personal, que si me afecta a mí le afecta a mi par, y que no todo lo que leo y veo por los medios de comunicación como en las redes tienen la última palabra. Buscar a quienes nos cuentan lo más parecido a la realidad, esa que vive cada uno. Empatizar con los que no sienten como uno por más que nos canten otra cosa.

Tenemos que desempolvar del guardarropas el traje de super héroe, que creíamos perdido, y volver al eje, dejar de estar distraídos y perdonarnos por creer como niños discursos oscuros plagados de luz.

El periodismo está en peligro de extinción, lo maravilloso que había lo matamos todos, tanto el que mal lo hizo como el que mal confió.

Y entender que mis creaciones son el fruto de mi conocimiento, de mi memoria, no se puede crear sin creer por eso es tan importante, por eso vinieron y vienen, porque sin todos estos ingredientes está agonizando la memoria, y si la memoria muere, olvidémonos de ser lo que queríamos ser.

Es ahora cuando.

Gracias por el tiempo y que disfruten de la partida

Por: Luciana Mazza Toimil

Mientras escribía escuché esto: