
Sí a la diversidad, no a la desigualdad
Estoy a favor. Estoy en contra. En parte sí, en parte no. No sé. Creo que no deberían adoptar. Son promiscuos. Tienen los mismos derechos que nosotros. La pluralidad de voces sobre la Ley del Matrimonio Igualitario aprobada en el país generó grandes controversias antes, durante y después del debate en el Congreso. Legisladores, figuras eclesiásticas, personajes públicos y ciudadanos difundieron su voz y se conoció quiénes estaban de un lado y quiénes del otro. Pero ¿qué importancia adquirió la discusión social en nuestro país? ¿Qué significado tiene para la sociedad la aprobación de esta ley? ¿Qué cambios culturales deberían generarse ante la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo?
“La discusión social instaló muy fuertemente el tema de la diversidad desde lo cotidiano. Familias que empezaron a hablar del tema y discusiones entre amigos hicieron que adquiriera un lugar diferente al que se le venía dando. También se convirtió en el puntapié para que muchos otros temas en relación al género, en los cuales la Argentina viene muy postergado, se reaviven”, explica Marcelo Zelarallán, licenciado en Antropología Social, especializado en temas de género y sexualidad, y militante homosexual.
Según cuenta Zelarallán, “históricamente las personas con una sexualidad disidente o no heterosexual siempre han sido consideradas como “otras” a pesar de que la ley de matrimonio iguale, en términos formales, a este grupo del “nosotros” heterosexuales. Sin embargo, creo que sigue siendo una relación desigual en términos sociales y culturales ya que las personas pertenecientes al colectivo del GBT (Gays, Bisexuales y Transexuales) seguimos siendo discriminados, seguimos sufriendo y padeciendo muertes y asesinatos por nuestra sola condición de no ser heterosexuales. Lo que queda por trabajar muy fuertemente es achicar desde lo social y cultural esta brecha entre los unos y los otros, porque la sola existencia de esta ley no garantiza la igualdad”.
¿Por qué crees que se siguen dando estos discursos alrededor del tema de la identidad sexual?
En principio, deberíamos empezar por considerar a la heterosexualidad no sólo como una práctica sexual, sino como un marco normativo, político e ideológico muy fuerte. El paradigma de lo normal es lo heterosexual. Todo lo que se aparte de esa heterosexualidad es mal visto. Por ejemplo, en términos de la construcción de la masculinidad, ésta es hegemónica y heterosexual. Estos dos pilares en los que se construye nuestra sociedad tienen que ver con un fuerte sexismo y homofobia. Lo primero que un varón heterosexual tiene que ser es no ser mujer y no ser puto. Como sociedad debemos construir masculinidades y femineidades que no se manifiesten en esta dualidad de varón o mujer, bueno o malo, sino dejar de lado esas dicotomías y empezar a observar la diversidad de formas que existen de ser varón y ser mujer.
Estas dicotomías de lo bueno y lo malo que forman parte de la cultura argentina, ¿crees que profundizan la discriminación y aleja la posibilidad de aceptar al otro como es?
Ser diferente implica ser desigual. Tenemos que aprender que todos somos diversos, distintos y justamente una sociedad crece en la medida en que podamos hacer este reconocimiento. Afortunadamente nadie es igual al otro. El tema es poder reconocer en términos de políticas públicas y sociales esa diversidad. Una de las grandes cuestiones que trae la Ley de Matrimonio Igualitario es que ser diferente significa, de alguna forma, ser igual y esto debería trasladarse a otros ámbitos de la vida social.
La construcción de la familia como institución social estuvo en el centro de las discusiones ante la posibilidad de que las personas del mismo sexo que se encuentren en pareja puedan adoptar o no a un niño. Tanto la antropología como otras ramas de la ciencia publicaron diversos informes sobre los riesgos que podrían ocasionar los padres homosexuales a la crianza de un niño. La mayoría de ellos dieron su visto bueno a la adopción. Las investigaciones realizadas por los principales colegios de pediatría del mundo, entre los que se encuentran la Academia Americana de Pediatría, sostienen que el factor decisivo para el buen desarrollo de un niño es la relación familiar que se establece con sus progenitores, sean del sexo que sean. Esta misma concepción es avalada por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) que dio a conocer su apoyo a la adopción por parte de padres homosexuales, ya que para que “un niño sea criado en un clima saludable es necesario contar con la salud mental y emocional de la pareja y la misma no depende de su orientación sexual”.

Foto gentileza: Agustina Haurigot
Zelarallán considera que “el tema de la adopción aparece ligado a muchos de los prejuicios que pesan sobre el colectivo del GBT, como que somos perversos, violadores, que somos una sexualidad desbordada. Esto lleva a pensar ¿cómo los homosexuales vamos a tener a cargo niños? Con respecto a los estudios, es interesante primero preguntarse por qué hay que estudiar a los hijos de gays o lesbianas y no estudiamos a los hijos de una pareja heterosexual. Se los estudia porque hay un presupuesto de que no son normales, cuando en realidad lo que hay que criticar e interrogarse es sobre éste concepto de normalidad. Lo que un niño o niña necesita es cariño, afecto, respeto, contención, independientemente de la sexualidad de los adultos que lo rodean. Está demostrado que los chicos que crecen con pareja de homosexuales, están mucho más abiertos al respeto por la diversidad porque crecen, justamente, incentivados por esta diferencia que nos iguala. Yo creo que la discusión de la adopción pasa por este discurso de lo normal y de lo natural, y por paquete de prejuicios y estereotipos en relación a esta sexualidad no heterosexual.
El otorgamiento de derechos civiles para las personas homosexuales es un paso adelante en la lucha por la igualdad. A nivel normativo, ya está hecho, pero aún falta emprender un camino hacia un cambio cultural y social que permita que cada uno sea aceptado como diverso, pero no como desigual. Como afirma Zelarallán, “es un proceso social que seguramente va a llevar mucho tiempo, pero que es imprescindible”.
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