
Malo eres

“Mariposas inolvidables” es el nombre con el que el mundo identificó a las tres hermanas Mirabal violentamente asesinadas en la República Dominicana por su activismo político el 25 de noviembre de 1960. Hoy, los 25 se las conmemora promoviendo el reconocimiento mundial de la no violencia de género. Este es celebrado, desde hace casi 30 años, en toda América Latina.
Siempre que se estudia un determinado autor, es condición sine qua non situar el contexto histórico para comprender la lógica concatenación de las distintas reflexiones. En la antigüedad es sabido, que se consideraban a las mujeres como objetos y también es sabido que existía alto grado de homosexualidad entre los masculinos. En ese contexto que la mayoría de los filósofos vieran en la mujer un sujeto inferior, o un simple electrodoméstico, es bastante entendible. A esta altura es innegable asumir que la globalización diaria penetra y se amalgama a la personalidad de cualquiera sin siquiera darse cuenta. Los continuos episodios del siglo pasado repletos de brutalidad como las guerras, las Torres Gemelas, los continuos golpes de Estado y hasta las bombas atómicas, comenzaron a generar una cultura cuasi mundial de repudio a la violación de derechos humanos hastiados de tanta violencia consuetudinaria. Las últimas décadas en Argentina, luego de largos períodos de censura y persecución, marcaron convicciones fuertes de apoyo a la democracia justamente para que a través del Estado se garantice, entre otras, la de no morir violentamente. O sea, el derecho a la vida o la garantía del cumplimiento de los derechos humanos.
Si bien es cierto que existe una gran polémica con respecto a las estadísticas y todo resulta “relativo” o termina dependiendo del lado que se lo mire. Medios Lentos va a contarte una realidad, y después otra realidad que no es contrapuesta, sino otra distinta que casi ni se trata en otros medios. Un tipo de violencia es aquella que las noticias muestran a través de violentos asesinatos cometidos por niñas y niños tan culpables como víctimas del sistema; y otra violencia, es la que expresa Eugenio Zaffaroni Juez de la Corte suprema (en el marco de la quinta presentación del Capítulo Infancia de Periodismos Social), quien asegura que “los crímenes que predominan son los homicidios entre gente que se conoce”. Debido a la conmemoración de las “Mariposas inolvidables” refrescaremos un poco la memoria a partir del caso paradigmático en Argentina que ocasionó el despertar de un problema hasta entonces prácticamente ignorado, y bastante esquivado inclusive en el presente acorde a la cantidad de tragedias que se producen.
El 14 de febrero de 1988 en la ciudad de Mar del Plata, el ex boxeador Carlos Monzón luego de una discusión, arrojó a Alicia Muñiz de un balcón, hecho que ocasionó la muerte de la mujer. A partir de este episodio la sociedad recibió un golpe de realidad que obligó a asumir la violencia familiar y por ende la de género. El proceso que se a desencadenó no solo constó con el derrumbe de prejuicios, más difíciles de romper que un átomo diría Einstein, sino que también significó la adecuación institucional para dar respuesta a un nuevo conflicto social. Cabe destacar que previo a estos cambios, todo lo que ocurría dentro del contexto familiar se lo consideraba privado e intocable. En esas épocas, el Estado no intervenía por respeto al “jefe” del hogar. La ruptura de ciertos mitos salieron a la luz cuando a través de la organización femenina, se mostró que las realidades ocurridas en el ámbito familiar coincidían con delitos del Código Penal y con otros no previstos como el incesto o la violación marital. Fue un amplio avance, pero como toda modificación en lo legal, repercute en lo actitudinal y lleva su proceso. Dado que es un ámbito privado hay ciertos mecanismos coercitivos que no pueden utilizarse. Las fuerzas policiales pueden sacarle el auto a un conductor si cruza en rojo, pero poner un policía que toque a la puerta para preguntar si todo está en orden dentro del hogar, es impensable. Esto incluyó también el proceso que significó informar por ejemplo a los “jefes” de hogar, que ejercer violencia a su mujer iba a significar una pena y encima una pena mayor por verse agravado por vínculo.
El asesinato de Alicia Muñiz fue un hecho que marcó un antes y un después a nivel nacional respecto a lo que es la violencia de género.
Internacionalmente fue en 1985 cuando las Naciones Unidas se manifestaron preocupadas por la Violencia familiar cuyas víctimas principales, aseguraron, “resultaban ser las mujeres y los niños en todas las clases sociales, sin distinción de raza, nivel económico o cultura.” La preocupación se fundamentaba en los efectos del fenómeno en las generaciones futuras. ¿El futuro ya llegó?
LA CULTURA DEL TERROR:
“La extorsión, el insulto, el coscorrón, la bofetada, la paliza, el azote, el cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria, la prohibición de salir, la prohibición de hacer lo que sienta y la humillación pública, son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales en la vida de la familia. Para castigo de la desobediencia y escarmiento de la libertad, la tradición familiar perpetúa una cultura del terror que humilla a la mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del miedo. Los derechos humanos tendrían que empezar por casa…”
Eduardo Galeano, Uruguay, 1989.











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