
Guardapolvos camuflados
La educación sobre la última dictadura militar todavía no llegó a las aulas de la Provincia de Buenos Aires. Distorsiones en la comunicación entre los educadores dejan a los futuros ciudadanos a merced de un vacío histórico. ¿Se puede reconstruir, completamente a ciegas, la olvidada conciencia política?

Por Santiago Rivaldo
“¿Videla no fue el que organizó el mundial 78?”, dice Hernán de 3º año del polimodal casi convencido. “Sí, Massera era el de `la casa está en orden”, afirma Mariela que cursa el 2º año. Luego del vaciamiento educativo innumerables testimonios de estudiantes de polimodal de la Provincia de Buenos Aires revelan que hay una falla en la educación sobre la última dictadura argentina. Por desidia, por temor o por una clara intención de desinformar, los contenidos no llegan al aula. A 25 años de la recuperación de la democracia, la violación de los derechos humanos todavía despierta opiniones completamente diferentes y esa ignorancia de muchos de los que integran el sistema educativo, perjudica a los alumnos.
Con la profundización del neoliberalismo en la década del 90 se produjo una precarización del sistema político y de todos los lugares de resistencia. Las escuelas dejaron de afilar sus lápices para asistir a los alumnos y contenerlos de un contexto que solo les brindaba escasez. Los jóvenes, siempre vistos como enemigos por el poder de turno, fueron vaciados de contenido cultural y, la memoria, la lucha y la política, se saltearon varias generaciones. En la actualidad, la reivindicación de los derechos humanos y el recuerdo de los que murieron en manos del Terrorismo de Estado comienzan a tomar, muy lentamente, el protagonismo que les corresponde. Los jóvenes que marcarán el rumbo de nuestro país todavía no tienen una conciencia política y, para que la tengan, es fundamental que conozcan los hechos históricos que crearon ese vaciamiento cultural, social y político.
“El 24 de marzo ya pasó, nunca estuvo previsto ese tema. Aparte por que es tan cercano al inicio de clase que nos toma un poco desactualizados”, dice la directora de un colegio de Villa Bosh, que prefiere no publicar su nombre. “El ministerio mandó un CD hace poco sobre lo que era el 24 de Marzo. Nefasto. Era un canto a la desesperación eso. Nosotros nunca lo pasamos. Por que contaba con mucha saña lo que había ocurrido y yo considero que a esa edad los chicos tienen un cierto enjuague de las cosas. La historia vista desde el resentimiento, por más que sea verdad, no es buena porque siempre hay una debilidad en el adolescente, en su inteligencia emocional. No creo que estén capacitados para neutralizar tantos embates”, agrega con gestos de indignación.
Éste es el ejemplo de que la inspección del estado sobre los contenidos que se dictan finalmente en las escuelas es muy pobre. Entonces, el manejo de los criterios a desarrollar queda librado a conciencia de las autoridades de cada escuela. “En General el estado no controla los contenidos que nosotros enseñamos en las escuelas. Los controles son mínimos. Supuestamente, cada profesor tiene distintos superiores que están al tanto del contenido pero realmente su libertad es muy amplia. Si bien tiene un costado positivo, a veces ocurre que temas fundamentales como son la enseñanza de los derechos humanos y la última dictadura militar muchos profesores no los dan por que no les interesa”, dice Myriam Borgonovo, Socióloga y docente de la escuela Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
El Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires funciona en La Plata y desde allí se decide el índice de temas que tiene que dictar cada escuela. A estos grandes ejes se les adjunta una breve reseña de la forma en que se deben dar esos temas. “El diseño curricular lo realiza la Dirección General de Cultura y Educación y es prescriptivo. Esto quiere decir que el enfoque didáctico y los contenidos a desarrollar, tienen una finalidad comunicativa que es actuar sobre el comportamiento del alumno. Añadiendo pautas de conductas nuevas o modificando algunas ya existentes. Es decir, la escuela no puede decidir que dar y que no dar. Después el modo de darlo, puede decidirlo la dirección de cada escuela si quiere generar un criterio pedagógico-político. Pero en última instancia queda adentro del aula.”, dice Soledad Guerrero, asesora de la Dirección de Gestión Curricular de la Provincia de Buenos Aires.
El verdadero y último control lo tienen los inspectores que están más cerca de cada escuela. “Hay inspectores distritales y barriales que son 2500 en toda la provincia. Ellos serían la conexión entre el Ministerio y la escuela. Ellos son el mecanismo de control que tiene la Dirección”, explica Guerrero.
“Nosotros cuando vamos a las escuelas vemos que esos contenidos se estén dando pero, realmente, el que mas al tanto puede estar es el director que es el que esta todo el día en la escuela. Nosotros evaluamos el trabajo de la dirección. Después depende de la postura del docente. Si es un docente que no le pone pasión a su trabajo, no profundizará demasiado”, dice Miriam Pierluca, inspectora de Polimodal del partido de 3 de Febrero. “La idea es no trabajar la historia desde un enfoque terminado y acabado. Sino buscar por que pasó y comprender que no es casual que nos haya pasado. Pero los profesores empiezan otra vez con el 25 de Mayo, el 9 de Julio, que los vienen viendo desde toda la primaria. Cuando llegan a dictadura, ya es diciembre y no hay tiempo que les alcance para profundizar en nada. Están los contenidos pero este vaciamiento pasa más por una desorganización de los docentes”, agrega Pierluca.
Por otra parte, entra en juego una especie de espiral del silencio. Los docentes dicen que cuando dictan los temas muchos padres se quejan por que están en desacuerdo con la forma y el discurso. Y los profesores, tienen miedo. “es difícil profundizar y es difícil hacer una cosa que sea neutral. Como docente podes decir que paso de una forma pero ¿Cómo son los padres de los chicos?, ¿qué ideas tienen? no sabes si el pibe de repente viene de una familia con ideas de izquierda, que fue lo que se fue combatiendo en ese momento, o de repente sea de familia de militares. Y, ¿que pasa entonces? Es difícil”, se excusa una profesora de un colegio de Palomar que tampoco quiere dar su nombre. “El 24 de Marzo, se da una clase alusiva, nada más que eso. Y muy puntual: lo que pasó y nada más. Por que todavía hay un cierto temor de abrir la boca y decir algo que no corresponda. Aparte una hora de clase ya es mucho para ese tema y encima tiene que estar ensamblado con un tema específico. Sino por un lado estás hablando de una época actual y por otro lado estas dando las invasiones inglesas. Tenés que ver que relación puede tener eso con el 76. No es tan simple y por eso no se hace” confiesa otra profesora de Haedo, partido de Morón, que, curiosamente, tampoco quiere publicar su identidad.
Un tema aparte son los textos utilizados por los docentes y aprobados por el Ministerio. Los manuales que los chicos leen le dedican cuanto mucho 20 líneas a los últimos 30 años de historia argentina. En el manual Santillana se puede encontrar, en el desarrollo del apartado Desaparecidos, la frase “las fuerzas de seguridad secuestraron ilegalmente a miles de personas”, como si hubiera posibilidades de que se produzcan secuestros legales. La edición de Aique no cuenta con un espacio destinado a trabajar el golpe militar, aunque le destina una de las fechas de la efeméride, y en el último capítulo se encuentran fotos de las Madres de Plaza de Mayo y de la agrupación HIJOS aunque sin mayores explicaciones sobre por qué y en qué circunstancias fueron creados. En ningún manual se hace referencia a los movimientos revolucionarios de los 70´ ni a la triple A. En fin, es evidente que para las editoriales también es vital eludir estos temas.
En el horizonte…
“La utopía es como el horizonte: nunca lo alcanzaremos pero nos sirve para caminar”
Eduardo Galeano
Sin embargo, a pocos pasos del Ministerio de Educación, en la calle 54 nº 487 se encuentra la Comisión Provincial por la Memoria. Desde allí se lanzan planes de producción de contenidos sobre la última dictadura militar para todas las escuelas de las provincias en forma completamente autónoma e independiente. El programa Jóvenes y Memoria es un claro ejemplo de que por fuera del sistema oficial de educación el tratamiento es más comprometido. El objetivo central del programa Jóvenes y Memoria, según su manifiesto es “promover en los jóvenes el sentido y la valoración crítica del pasado y del presente como parte del proceso de construcción de su identidad y de su afiliación a la sociedad a la que pertenecen” En este marco los alumnos producen documentales, libros y canciones sobre lo que sucedía en sus barrios durante la última dictadura militar. Basta con ver el material que producen los chicos para comprobar que el objetivo lo están cumpliendo. En muchos casos los resultados fueron reveladores. “La respuesta es buenísima por que las cosas que les pasan a ellos con el programa son muy fuertes. Empiezan a revelar historias que en sus pueblos, no solo no fueron contadas sino que, en muchos casos, hasta fueron silenciadas. Cosas que durante 30 años no se hablaron y que, por primera vez, se ponen en boca de todos por pibes de 15 o 16 años. Es muy difícil, porque todavía en muchos lugares del interior hay una estigmatización muy grande sobre quien es el desaparecido. Entonces se encuentran con todos estos relatos de “por algo será” o “en algo andaban” y a partir de allí los pibes empiezan a reconstruir ese imaginario. La idea del programa es que esa investigación a fin de año se convierta en una serie de producciones que de alguna manera le devuelvan al pueblo lo que el pueblo no quiere escuchar. Eso es lo más fuerte de todo el resultado” dice Diego Díaz docente e investigador de la Universidad de la Plata e integrante del Staff de Jóvenes y Memoria. La comisión brinda también capacitación docente, visitas guiadas, muestras itinerantes, recursos para el aula y una bibliosonoteca muy importante que incluye el material producido por los alumnos.
Por otra parte y a más de 80km de distancia, una escuela muy humilde de la localidad bonaerense de Álvarez, se propuso desde que asumió su nuevo director fortalecer la conciencia ciudadana de sus alumnos, desde el pasado hacia el futuro. Claudio Bajicoff, asumió la dirección a principios de este año. Una de las primeras medidas que tomó fue bautizar a la escuela. Para ello, llamó a elecciones entre los alumnos y docentes. Resultó ganador el nombre Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Entonces se dio cuenta de la real importancia que tenía para los chicos este tema y puso manos a la obra.
La escuela exhibe sus principios a todo el barrio. Desde la esquina se ve un mural pintado en el tanque de agua con los históricos puñuelos blancos. Estos también fueron retratados en la plaza del pueblo por los alumnos. Una vez adentro, las pizarras informativas y los collage hechos por los alumnos da una impresión de la real importancia que tiene el tema en la comunidad. “Es algo que hay que enseñar y nada mejor que revisarlo desde la historia por que si muchos de estos 30 mil desaparecidos estuvieran, las cosas serían distintas. No solo por la revolución sino por que se perdieron muchos cerebros con espíritu democrático y eso lo estamos sufriendo 30 años después. Entonces, tomando esos ideales, amalgamándolos con modelos actuales y siendo críticos con lo que se nos ofrece, se puede proyectar. La juventud esta descreída y hay que apoyarse en esa raíz histórica para continuar. En este momento la escuela pública tiene que enseñar a vivir en democracia y para eso es necesario sostenerla, valorarla y continuarla, a través de la defensa de los derechos humanos. Aparte es importante por que los chicos no vivieron durante los años de plomo y la escuela siempre fue el motor del cambio” dice Bajicoff. Con respecto al miedo que dicen tener algunos maestros al hablar sobre la ultima dictadura él dice que “nadie puede estar en contra de los derechos humanos. Desde ninguna corriente ideológica. Pero el cambio se tiene que dar puertas adentro en la escuela y desde la conducción. Si no se logra el cambio es por que falla la conducción”. A simple vista puede parecer que Claudio Bajicoff tiene un pasado militante pero la realidad es otra. Tuvo que investigar y estudiar más sobre el tema por que notó esa inquietud en los chicos. Se trató solo de voluntad y compromiso.
“Yo considero importante enseñar la ultima dictadura militar por que fue un punto de inflexión en la historia argentina. Nosotros hacemos mucho hincapié en lo que fue el cambio de modelo económico y en toda esa tremenda represión que fue necesaria para implantar ese cambio. A partir de ahí, los chicos entienden su situación actual. El desempleo que sufren ellos lo vinculan directamente con esa enorme des industrialización que impuso la dictadura. Entienden que hubo un plan para que ellos estén en esa situación de desesperanza total. Yo te garantizo que cuando les demostrás que lo sucedido tiene directa relación con sus falencias actuales, reaccionan. Y reaccionan queriendo cambiar la realidad. Con toda la visión adolescente y romántica de querer cambiar el mundo en un segundo, pero reaccionan y eso vale la pena”, afirma Borgonovo.
Históricamente, desde la escuela se reinventa la historia. Deformándola, con una clara intención de desinformar, distorsionar u ocultar. En la era de la comunicación, estas prácticas nefastas de algunos sectores del poder parecen estar repitiéndose con total impunidad.
El aula es la fuente de la identidad cultural por excelencia. Desde ese espacio se puede construir la ciudadanía con memoria y proyección comunitaria. Estos sentimientos están latentes en muchos jóvenes y la información es la mejor arma para terminar de matar al golpe.
Redacción: Santiago Rivaldo
Investigación: Paula Borgonovo, colaboradora de Medios Lentos - Santiago Rivaldo.











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