Entrevista a un ex combatiente de Malvinas

Por Gonzalo Prados

En un bar del aeropuerto de Ezeiza nos recibió Claudio Guassardi, ex combatiente de Malvinas, soldado de la compañía C del primer grupo de la tercera sección y jefe de equipo B de tiradores .Actualmente se encarga de importar y exportar en una empresa de comercio exterior y es padre de dos hijos.

¿Cómo era tu vida antes de enterarte que ibas a ir a la guerra?
Era un muchacho normal, realizando su servicio militar obligatorio, que solo pensaba en pasarla lo mejor posible dentro del regimiento. Esperábamos los fines de semana para salir a bailar, a divertirnos, a hacer todo lo que hacía un chico de 18 o 19 años en ese momento. No se pensaba en una guerra. No nos enseñaron militarmente a estar en una guerra. Nos enseñaron un par de cosas, pero no lo mínimo e indispensable, lo que era una guerra. Sí, hicimos una vida de regimiento, pero nada más, tan sólo teníamos 15 disparos de fusil en un entrenamiento de tiro.
Nunca nos imaginamos que iba a haber una guerra, y menos como fue la de Malvinas. Yo iba a ir igual, no importaba si era convocado o no, pasaba por otro lado, por uno. Por el nacionalismo de uno, por el amor a la bandera y de sentirse argentino.

¿Cuánto tiempo pasó desde que terminaste el servicio hasta que te convocaron?Pasó un tiempo, me dieron la baja del regimiento como soldado instruido el 5 de Marzo. No era nada raro, era un soldado común y corriente. Un mes y cuatro días después, me convocaron. El nueve de abril, era jueves Santo.

¿Cómo fue ese mes?
Ese mes fue normal, yo salí de la colimba. Yo tenía trabajo, era cadete de un comercio. Ese mes la novedad fue estar libre. Poder tener el pelo mas largo y pasarla lo mejor posible. Habíamos vivido un año al que nosotros le decíamos que era “al cuete”, era un año muerto. Tanto para los que estaban en la facultad o los que trabajaban. Pasó ese año militar, esperé la baja para enfocarme en la vida. Porque nuestra mentalidad, como la de cualquier chico de 19 años, era comprarnos un auto, poder hacer viajes, empezar a construir nuestro futuro. Ese mes fue un corte en mi vida. Yo ya había cumplido con la ley obligatoria del servicio militar, yo ya había cumplido con mi país. Tenía que decidir qué hacer con mi futuro. Ese mes fue empezar equilibrarme para ser alguien.

 

¿Cómo te enterás que sos convocado?
El 2 de abril me entero de la toma de las Malvinas y automáticamente supe que iba a ir a las islas. Sabíamos que la clase 63 no estaba preparada porque no tenía ni un mes de instrucción. Ese día estaba eufórico con esa alegría argentina que uno lleva adentro. Después me puse a pensar seriamente y me di cuenta que estaba siendo convocado para ir a la guerra. Me di cuenta que yo ya estaba destinado a ir a Malvinas, y si no me hubiesen convocado me iba a presentar igual para ir como soldado voluntario. Pero me vinieron a buscar el nueve de abril alas 08:30 de la mañana. Yo estaba durmiendo y me despertó el sonido del timbre, mi madre se acercó y me dijo que había venido un compañero del regimiento, yo ya sabía lo que pasaba. Le dije a mamá que me venía a buscar para reincorporarme al regimiento.
Vino mi compañero y me dijo: “Claudio tenés que presentarte en el regimiento lo antes posible”. Me dio la carta, me duché, me vestí y mi mente ya empezaba a viajar. Yo ya me veía en la isla sin saber como era. La conocíamos de mapas y la veíamos como una aventura, íbamos a la guerra. Íbamos a pelear. Íbamos a defender a la patria, la bandera, el honor. Ese día me fui a dar mi última caminata por el barrio, fui a saludar a mis primos a mis tíos y al mediodía me llevaron mi hermana y mi cuñado en su Fiat 600 al regimiento. Llegué vestido de civil, jean camisa y zapatillas; hizo mucho calor ese abril. Cuando llegué al puerto uno estaba un suboficial amigo, el cabo primero Sifón, y me acuerdo que le dije: “che loco no me pueden ver libre que ya me necesitan de vuelta, se ve que fui un buen soldado”. Me presenté en mi compañía y me recibieron oficiales conocidos que habían sido jefes míos. Me recibío el subteniente Distefano y me dijo: “Guasardi preparate que nos vamos a la guerra”. No teníamos idea de lo que íbamos a vivir, verdaderamente no estábamos preparados militarmente, ni para enfrentar ese frío, la falta de comida, y un montón de otras cosas…

¿Cómo fue tu primer día en Malvinas?
Mi primer día en la isla fue raro, yo desembarqué el 11 de abril a las 23:38 hs. Me acuerdo porque tenía un reloj digital que me había regalado mi hermano. Eran de esos que los prendías y te daban luz. Hice como Neil Armstrong cuando toco la luna. Cuando llegamos nos dijeron que durmamos a donde pudiésemos, estábamos en el aeropuerto, hacia frío, soplaba mucho viento y este se hacía sentir. Yo me ubiqué adentro de un jeep. Como a las 2 horas me abrieron la puerta y como estaba apoyado con la cabeza sobre la puerta del lado del volante me caí. Le mandé una terrible puteada al que abrió y resultó ser el general de la décima brigada que nos mandó a Malvinas. Su asistente me dijo: “soldado usted insultó a un general…” y el general dijo: “dejá, yo lo sorprendí mientras el soldado dormía”.
Así empecé, pero esa actitud me sirvió para saber que en la guerra éramos todos iguales, ya no estábamos en el regimiento, era otra cosa diferente. Más tarde me hizo pensar que una bala inglesa mata tanto a un soldado como a un general. Esa puteada me sirvió para sobrevivir y resistir.

¿Cómo era el uniforme del soldado?
El uniforme normal de combate, verde. Nos habían dado dos juegos de calzoncillos largos, 4 pares de medias y zapatillas blancas, las que se ven en todas las fotos de Malvinas. Éstas los soldados se las ponían para estar más cómodos y no como se dice que hubo soldados que no tenían borcegos. Todos fueron con borcegos y es más, algunos los cambiaban por comida. El uniforme completo era la remera blanca ballenera, las verdes, la tricota, un chaleco para el frío, la campera militar y dos pares de guantes. Era un uniforme para la zona sur no para la isla. La temperatura era de 5 grados y con una humedad que te penetraba en los huesos. También teníamos el pa que era un casquete con visor (el visor no servía para nada) y la manta que era para dormir. Si uno era piola rejuntaba con un compañero y aprovechaba el calor corporal y tener 2 mantas en vez de una encima.

¿Y las armas?
Teníamos un FAL con 4 cargadores. Eran viejos, la mía era del año 71.Una vez disparé el FAL en un ataque matutino comando y se me dobló el cañón. Después pudimos armarnos de granadas, municiones de PAF y PDF, que son las municiones antitanques, antipersonal que va en la punta del fusil. Cada uno se abastecía, yo me agarré seis granadas, cuatro cargadores y en la bolsa de rancho cargaba 200 tiros. Yo tenía para una ronda larga de disparos 200 tiros más 4 cargadores en combate, eso es una hora de fuego.

¿Cómo soportaste el hambre?
Durante los primeros días en Malvinas nos ubicaron en el Monte Safengil y nos dieron las posiciones. Ahí la comida estaba dividido por raciones. Después cuando estábamos en posiciones habitualmente venía al mediodía. Los ingleses estaban lejos, por lo tanto no había ningún peligro todavía. En ese momento se comía bien, es mas, había comida de sobra. El tema fue después del 1 de mayo, ese día fue el primer ataque ingles. Ahí la comida empezó a venir a la mañana entre las 8 y las 9, a veces venía bien, otras todo mal, era cuestión de suerte.

¿Que comían?
Comíamos guiso con cordero. El tema era que de noche el frío apretaba y ya no dormías. Las cosas se pusieron difíciles cuando empezaron los bombardeos, los combates, entonces al cuerpo le costaba responder. A la mañana tomábamos mate cocido que preparábamos nosotros, almorzábamos con la ración del mediodía mas la de la noche y a la noche comíamos la merienda mas el desayuno. Cuando no teníamos nada salíamos a cazar corderos y lo comíamos como venía imagínate el hambre que había. Hambre hay en todas las guerras, lo que pasa es que uno no lo entiende.

¿Fue cierto el abuso de los oficiales y suboficiales para con los soldados?
No estábamos preparados para una guerra, y vivíamos como si siguiéramos en el regimiento. Nos trataban como si estuviéramos en una instrucción más. El entrenamiento al soldado existe desde la época de San Martín, y sí, se sancionaba al soldado por mal comportamiento, eran más lo suboficiales que los oficiales. El que era militar de carrera sabía que había que cuidar al soldado, en cambio los que no, tenían otra actitud y te dabas cuenta porque después de Malvinas se retiraron. Eso se creía en Malvinas, que seguíamos en el regimiento y nos mandaban a hacer carrera mar, cuerpo a tierra, salto de rana, etc. Hubo compañeros de la 62 y la 63 que los estaquearon y la pasaron muy mal pobres pibes. Yo dije que si a mi me tocaban, la venganza iba a ser terrible. De todas maneras hubo oficiales y suboficiales que peleaban adelante con su tropa. Yo me hice respetar como soldado, ahí hice el gran cambio, hubo chicos que no, que estaban muy acobardados. Todo pasaba por la mente de cada uno, si uno piensa en positivo va a vivir bien. Los chicos que no entendían lo que estaba pasando se deprimían y la pasaban muy mal.

¿Cuál fue el momento más terrible que viviste en la guerra?
Todos los días fueron difíciles, por ejemplo cuando nosotros salíamos de patrulla nos despedíamos de todos los compañeros, porque era muy probable que no volviésemos. Cuando uno entra en combate ya está, la incertidumbre de qué es lo que va a pasar uno la tiene, pero llega un momento en la que uno se amolda a eso.
Calculá que un muchacho de 18 años sale de noche pensando que va a la muerte, es terrible, era muy difícil de llevar. Se hacía muy complicado, teníamos 18 años nada más.

¿Qué es la guerra?
La guerra es lo peor que le puede pasar a un país, a la gente La guerra es ver al más guapo ser el más cobarde y viceversa. Es ver lo más bajo del ser humano. Sacar la lacra, todo por subsistir. La guerra no se puede describir con palabras, primero hay que vivirlo, es lo peor que le puede pasar a alguien. En la guerra se vive segundo a segundo, en un bombardeo sabés que te cayo un proyectil a diez metros y te preguntas: “¿y el próximo?”. Son segundos, cuando te diste vuelta te cayó una munición y cuando te moviste para hacer algo te dispararon. Eso te parte la cabeza.
Cuando veíamos salir el sol, nos sentíamos Incas por la adoración que le teníamos. Pero cuando se venía la noche cerrada, la niebla te empezaba a tapar y desaparecíamos hasta no ver nada, ahí sentíamos la desesperación. Hasta que no bajase la niebla había que mantenerse callado y atento a todos los movimientos, esas guardias duraban entre 5 o 6 horas. Si te movías podías caer en un campo minado y un compañero mismo si se asustaba podía dispararte.
A la guerra se dice que NO directamente. El no, creo que entra en todo. No a la guerra.

¿Cómo fue tu último día en Malvinas?
Habíamos quedado en primera línea de combate, todos los regimientos que estaban para el lado de Ganso Verde se habían replegado, nosotros teníamos que estar ahí para el repliegue de los soldados. Mi último día en Malvinas, después de 13 días sin dormir, fue ver a todos los soldados que venían del frente mal, muy mal. Tenían la mirada totalmente perdida y nosotros le dimos lo único que teníamos: mate cocido caliente y mantas. Cuando nos ordenaron replegar volamos todas las municiones para que no se las queden los ingleses y así evitar que las utilicen contra nosotros. Yo volé un cañón del 105 que era de la compañía, le tire 2 granadas y después replegamos. Haciendo todo eso, vimos a la guardia galesa sobre el otro muelle ya avanzando hacia nosotros. Ahí hicimos una leve escaramuza para que ellos no viesen que había resistencia, entonces empezamos a disparar, yo habré vaciado un cargador, hicimos volar las municiones y ahí nos juntamos con la compañía. La suerte que tuvimos es que volvimos todos. Solamente de la otra compañía volvió el soldado Soria. De los 250 que fuimos volvimos 249, que creo que es lo más importante de una guerra. Ese fue mi último día en Malvinas.

¿Cómo fue tu encuentro con los ingleses?
Ya en puerto Argentino, cuando vimos a los ingleses…En fin, nos ordenaron rearmarnos, para volver a tomar posiciones en el frente, pero era una locura ya estaba todo tomado.  El 14 de junio ya se había firmado la rendición, vinieron oficiales ingleses con oficiales argentinos, nos dieron la directiva de dejar nuestras armas y ahí nos dijeron que la guerra había terminado y que éramos prisioneros.

¿Qué sensación tuviste, por un lado estaba la rendición y por el otro el fin de la guerra?
Las dos cosas son completamente opuestas. Por un lado está la rendición que es lo más doloroso que puede pasarle a alguien, sobretodo cuando ves bajar la bandera Argentina en la Plaza de Armas y flamear la bandera inglesa con su victoria. También estaba la gran angustia que nos producía saber que si la guerra se hubiese armado de otra forma la isla la hubiésemos retenido. Pero por otro lado después de terminada la guerra darte vuelta y decir estoy vivo, estoy entero, no me falta nada… Ya era una cosa de alegría.

¿Qué fue lo primero que pensaste, en tus viejos, tus amigos, tu barrio?
Pensás en todo, en los primos, los amigos, en papá, mamá, mi hermana, hasta pensé en que quería sacar a pasear a la perra pekinesa de mi hermana. También pensé en el trabajo, en los amigos, el fútbol, en las chicas amigas, las ex novias, te empiezan a bombardear un montón de cosas.
Entonces… Recién te das cuenta de eso cuando llegas a continente. Estando prisionero de guerra lo único que quería era intentar salir lo más rápido posible de la isla. Había mucho odio ahí adentro por muchas cosas.

¿Qué le dirías a un chico de 18 0 19 años que esta terminando la secundaria y empezando la universidad?
Ellos hoy en día tienen la vida planteada de otra forma, mucho más fácil que la que nosotros tuvimos. Pueden aprovechar muchas más cosas, aunque lamentablemente el país no les da. Otra cosa que les diría es que amen a su país, a su patria y a su bandera, porque aunque uno no lo sepa es el legado más grande que tenemos.

¿Vos como estás, cómo siguió tu vida desde que volviste?
Tengo familia, hijos, trabajo. Cuando me fui a Malvinas tenía trabajo, cuando volví seguí trabajando y así intenté armarme el camino. La pasé mal por momentos, la guerra a mi y a todos nos partió al medio, dejamos de ser niños para convertirnos en hombres. Hubo por lo menos 450 casos de suicidios, más muertes que en combate. Yo por suerte pude seguir mi vida, pero costó. Por eso a mi me gustaría regresar a Malvinas. Necesito volver para llorar lo que no pude en la vida, estar en mi posición y descargar esa tensión que todavía tengo. Todo hombre, que sea hombre sabe, que llorar es de hombre también. Ese va a ser el clic de mi vida, cuando uno nace lo primero que hace es llorar, yo necesito llorar. Necesitamos estar ahí para poder volver a respirar, a sacarnos el dolor intenso que nos quedó grabado en el corazón y en la mente. Al principio no quería ir porque me iban a sellar el pasaporte, ahora ya no me importa, si Dios quiere voy a volver
 

 

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