Entrevista a Ernesto Laclau

 
 
Ernesto Laclau, intelectual kirchnerista.
 
 
“Redistribuir el ingreso no es simplemente una medida económica, es un proceso de transformación de las bases sociales del sistema”.
 
Filósofo político, docente en la Universidad de Essex y miembro de “Carta Abierta”. Acaba de reeditar “La Razón Populista”.  Desde Inglaterra, donde reside hace 40 años, reivindica el populismo, analiza la política argentina, la vigencia del “gorilismo” y las deudas pendientes del gobierno actual.
 
 
Damian Toschi
Especial para medioslentos.com
 
 
 
¿Qué diferencia hay entre un gobierno popular y un gobierno populista?
 
No hay ninguna diferencia. Creo simplemente que la palabra populismo expresa mejor de qué se trata, porque popular es un término muy vago y neutro, mientras que populismo hace hincapié en el momento de la movilización.
 
En su libro dice que el populismo tiende a dividir la sociedad entre los de arriba y los de abajo.
 
Exactamente.
 
Esa división, ¿genera un clima en el cual se pueda convivir democráticamente y aceptar la opinión del otro?
 
Desde luego que sí. De lo que se trata es que hay dos formas de construir lo político. Una puramente institucionalista que presenta, muchas veces, más peligros para una convivencia democrática que el populismo, porque esto lleva a la idea de una sociedad de expertos donde una tecnocracia toma las decisiones y la participación popular es distanciada. Por otro lado, la idea de populismo implica una movilización de demandas. Claro que una sociedad no puede ser exclusivamente institucionalista ni populista, siempre habrá una combinación entre las dos dimensiones, pero esta combinación puede dirigirse más a uno u otro polo. Para dar un ejemplo de cómo un populismo tiene lugar: supongamos que en una determinada localidad la gente presenta un pedido a la municipalidad para que se cree una línea de ómnibus que los lleve del lugar donde viven al lugar donde la mayor parte de ellos trabaja. Supongamos que esa demanda no es satisfecha, entonces hay frustración. Pero si la gente empieza a ver que hay otras demandas en el área que tampoco son satisfechas, vivienda, salud, seguridad, escolaridad, se empieza a crear una comunidad de intereses y a constituirse un pueblo frente a un poder que lo rechaza y no los absorbe institucionalmente. En cierto memento, es necesario que esta cadena de equivalencias de demandas populares cristalice alrededor de ciertos símbolos, cuando este proceso de cristalización ocurre tenemos populismo en el sentido más clásico del término.
 
En esta división entre los de arriba y los de abajo, esta división de intereses ¿dónde ubica a la clase media?
 
Siempre la Argentina ha estado dividida. Durante los años sesenta, se dio el proceso de de lo que se llamó “la nacionalización de las clases medias”, es decir, la clase media, globalmente, en 1955, había sido antiperonista. Pero, con el fracaso en absorber institucionalmente demandas, se produce la absorción por parte de una cadena equivalencial populista. Eso ocurrió en los años sesenta en la argentina, y después de la crisis de 2001 empezó a ocurrir algo similar: se dio una enorme expansión de las demandas sociales; como resultado de la crisis aparecen las recuperaciones de fábricas, los movimientos piqueteros como “Barrios de Pié”. Pero esas demandas horizontales no producen un impacto inmediato en el sistema político, al contrario, el lema es “Que se vayan todos”. Ahora, “que se vayan todos” es un arma de doble filo, porque siempre se va a quedar alguno. Si este alguno no ha sido elegido por los sectores populares, no necesariamente va a ser el mejor. Así fue que se llegó a 2003, con un bajísimo porcentaje de la población en las elecciones, y toda esta movilización social no se tradujo a nivel del sistema político. Las cosas salieron bien porque el que fue elegido fue Kirchner, no sé lo que hubiera ocurrido si hubiese sido De la Sota, Reutemann u otra persona. Kirchner comprendió, rápidamente, que había que tratar de ligar la expansión democrática de las demandas sociales de tipo horizontal al eje vertical del sistema político. De alguna manera, hasta este momento, es lo que se perfila: el destino de la clase media todavía no está jugado. Evidentemente, la clase media, en esta movilización del campo, no ha estado ligada necesariamente a los sectores populares, ahí es donde esta la gran operación hegemónica que va a tener que resolverse en los años que vienen.
 
Usted está dentro de “Carta Abierta”, el grupo de intelectuales que está apoyando al gobierno, ¿cree que sigue habiendo clima destituyente, hay interés de algún sector de la sociedad en que Cristina Fernández deje de ser la presidenta de los argentinos?
 
No creo que haya en este momento un golpismo en el sentido clásico, no tendría ninguna posibilidad. Lo que hay es una tendencia a desestabilizar el sistema político en forma tal que, sin necesariamente romper el aparato institucional, todas las tentativas más progresistas sean neutralizadas.
 
Leí declaraciones suyas en las que dijo que el término “gorila” tiene vigencia en nuestro país, ¿por qué?; ¿el peronismo no cambió como para modificar esa percepción de la sociedad?
 
Gorilismo en el sentido clásico, evidentemente, ya no hay, excepto en algunos grupos nostálgicos de museo. Pero de lo que se trata no es tanto de gorilismo en el sentido clásico, sino de la tendencia de una derecha a reagruparse de modo tal que un proyecto nacional, popular, de profundización de la independencia económica del país sea puesto en cuestión. Y ahí hay bastantes candidatos: desde Macri hasta “Lilita” Carrió, que intentan jugar el papel aglutinador de este nuevo posible frente. Lo que vamos a ver es la reagrupación de una nueva derecha.
 
Si entendemos al populismo del modo que usted lo hace, como una forma de redefinir al pueblo como actor social desde un punto de vista positivo, ¿qué le falta y qué hizo Cristina Fernández para transformarse en un gobierno populista?
 
Lo que falta todavía en la argentina es un proceso de ampliaciones de las bases sociales del sistema. Es decir, las elecciones fueron ganadas por el Frente para la Victoria sobre la base de que era la única opción que el país vivía. Pero esa opción todavía no ha conducido a una movilización efectiva de los sectores populares. Redistribuir el ingreso no es simplemente una medida económica, es un proceso de transformación de las bases sociales del sistema. El peronismo del 46’, pudo lanzar un programa drástico de redistribución del ingreso porque se daba el surgimiento del movimiento obrero, había nuevas bases sociales a partir de las cuales ese proceso podía encararse. En Venezuela hoy hay un proceso similar que estamos contemplando. En la argentina, esta unidad entre la expansión de la protesta social y los efectos a nivel de sistema político no ha logrado cristalizar. Entonces, se va a dar lo que Gramsci llamaba “guerra de posiciones” en los próximos años, y una de las dimensiones va a ser cómo se va a hegemonizar la movilización política de la clase media.   
 
 
 
         
 

  

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