
Crónicas del Norte, Tartagal (Parte I)

Por Micaela Cicioli
A casi 1800 Km de Buenos Aires, un día y horas de viaje en micro, a 50 Km del límite con Bolivia, está Tartagal. El centro tiene 12 cuadras. De un lado la terminal de micros, luego el centro comercial o “Shopping” (como le dicen la gente del lugar). La bienvenida fue bastante campestre: un burro acompañado de un caballo cruzaban muy campantes por la calle principal y asfaltada. Tartagal es de esos lugares donde la ciudad y el campo se entremezclan. Parece curioso, ver camionetas Hilux recorrer el lugar porque generan un contraste casi doloroso con los alrededores donde todo es pobreza. Los últimos en el escalafón socioeconómico, son las comunidades nativas agrupadas en misiones alejadas y sumergidas en una miseria que roza lo prehistórico; no tienen ni luz, ni agua, ni gas, ni trabajo. (En la próxima edición contaremos una de las tantas historias que encierra la periferia de Tartagal con lo injusto de tanta pobreza, pero la esperanza y ejemplo de vida de gente como Fabiola Soria que pone su granito de arena aportando solidariamente).
La gente del tercer aglomerado de la provincia de Salta, arranca el día aproximadamente a las 9 am, cierran para la siesta, pero retoman por la tarde y el movimiento continúa hasta altas horas de la noche. Lucecitas de colores recubren una calle por allí. La plaza, en remodelación, tapada hace ya unos meses. La iglesia infaltable como en todos lados, la peatonal de una sola cuadra y enfrente, una parrillas donde venden lomitos, milanesa a la napolitana o pollo. Al aire libre, mesas blancas de plástico recubiertas con manteles coloridos invaden el ambiente cálido dándole un toque carnavalesco. Mas allá, casi donde termina el centro, una calle con un boulevard en el medio desemboca justo donde fue el alud a principio de año. La reconstrucción del desastre todavía está en pie.
El río Tartagal casi seco hace pensar lo increíble de que un alud hubiese pasado por esa zona donde la tierra rasgada pide una gota de agua. Inclusive resulta hasta chistoso que habiendo sequías y tanta pobreza se “invierta” en colocar una fuente, pero esa es otra historia y son contradicciones que sobrepasan cualquier frontera racional.
Luego de 8 meses todavía hoy están las marcas del barro de casi un metro de alto impregnado en las paredes de las casas que quedaron en pie. Hay gente que continúa viviendo en carpas y el tema parecería que da para largo. El ex intendente Sergio Leavy, está en juicio político acusado por la desaparición de 212 mil pesos; así como también existen rumores sobre algunos de los camiones que viajaron de Buenos Aires donados por el Sindicato de Camioneros para la gente del alud, que quedaron por el camino. En el pueblo se comenta que los utilizaron “para hacer campaña”.
La gente en general sufre de un profundo descreimiento en los políticos que en su mayoría no son oriundos de la zona y desconocen totalmente cómo solucionar los conflictos tanto sociales como naturales. Un ejemplo (que ampliaremos en otra edición), es el de Daniel Ortiz, profesor de la Escuela Agrotécnica Emeta, en donde da clases de producción forestal y animal, quien presentó un proyecto de reforestación, pero no tuvo suerte. “No le dieron bola”.
El domingo pasado hubo elecciones en las cuales ganó el partido renovador. Algo “curioso” que nos sumerge dentro de la problemática del lugar es que por ejemplo, fueron presentadas 16 listas. “¿Cómo puede ser que en un pueblo tan chico haya 16 listas de cómo sacarlo adelante?”, reflexiona Ramón Rojas, jefe de prensa de la Municipalidad de Tartagal. Y explica: “Se necesita de un profundo replanteo interno social porque se encuentran en un laberinto del que no pueden salir”. Asegura que son muy pocos los dirigentes que se comprometen, que los consejos vecinales están desorganizados y que eso lleva a que los vecinos no se sientan identificados. “Luego del fracaso del 97´ que los grandes medios lo vendieron como el triunfo del pueblo, se generó una cultura de asistencialismo que se ha acentuado en detrimento de una cultura que gire en torno al compromiso”, explica Rojas. Y si bien aclara que surgen movimientos fuertes, asegura que después no tienen constancia en el tiempo. Haciendo memoria recuerda un día en que todo el pueblo de Tartagal se puso de acuerdo: “Fue multisectorial y el trabajo protagónico fue la lucha contra el Dengue. Empresarios, abogados, vecinos, médicos. El intendente participó y se coordinó la campaña de difusión donde todos los periodistas, sin importar la ideología política, repetían el mismo mensaje. Eso ayudó a que por lo menos por un día nos pongamos todos de acuerdo. Un día que se paró todo Tartagal y cada uno en su casa tenía que sacar todo lo que podía contribuir a formar las larvas. Había camiones que se llevaban lo que los vecinos sacaban de las casas. Eso a la gente le generó conciencia y bajó el índice de afectación”. Pareciera que a los vecinos, aunque están en una misma condición, les cuesta lograr el consenso. “Entonces ¿Qué te queda? Tomar la decisión sin esperar. Nunca se logra el consenso. Además contribuye a esta fragmentación la lucha política despiadada que es terrible porque destruir es fácil. Somos una comunidad chica y son heridas que no se cierran, somos una sociedad llena de rencores”, concluye Ramón.
Esto del asistencialismo y los piqueteros tan mal vistos, nos adentra en otras historias ejemplares de lucha por algo tan básico y digno como es el trabajo. Últimamente parecería ser que la gente sólo tiene como recurso para ser escuchado el cortar una calle o una ruta. Y acá cabe hacerse una pregunta ¿Es lo mismo un piquetero que corta una ruta para pedir trabajo al que lo hace para recibir un plan social? ¿Realmente en esta democracia existe otra manera de ser escuchados? Mucha gente como Adriana Adanto, presidenta de la cooperativa “17 de Octubre” explica que el mismo sistema te lleva a cortar una calle porque si no “no te dan bola”. Ella fue quien inició un proyecto sumamente importante y que dio un paso gigante para muchas mujeres de Tartagal. El proyecto consiste (está en práctica luego de varios meses de luchas), en la construcción de una plaza en una misión llamada Cherenta en donde obreros y obreras, realizan trabajos de albañilería. Sí, mujeres, madres, levantando ladrillos, mezclando cal a la par de los hombres. Pero esta también es otra historia que quedará pendiente para más adelante, con el testimonio de las protagonistas.
Para la próxima edición, Medios Lentos a través de “Crónicas del Norte” te presentará a un cacique que tiene 22 años y una mente sumamente revolucionaria. No te lo pierdas.











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