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1º Premio a la producción digital UBA 2010 1º Premio a la iniciativa periodística ETER 2009

Vencer al Sol…

Por Luciana Mazza Toimil

“Hay que lograr la supremacía de la sensibilidad,
para obtener la posibilidad de una nueva realidad utópica”
Kazimir Malévich

¡Atención! Esta entrevista fue hecha vía washapp e e-mails. Fue una entrevista totalmente 2.0.
Esta clase de entrevistas son las más difíciles de hacer, no se ve, escucha, huele al entrevistado. Por ejemplo no se puede observar si mueve las manos, o si mira cuando responde algo que no lo perturba. Y el entrevistado tampoco puede ver cómo se lo está entrevistando.
Las preguntas viajaron a San Sebastián, Donostia, País Vasco desde Buenos Aires, Argentina. Cruzaron mares y océanos, unas 11 veces…quizá fueron contestadas desde una guardia, de noche, de día… leídas desde el trabajo a la casa o viceversa. Lo maravilloso de la tecnología es que nos conecta. Podría esta periodista haberle preguntado: ¿Dónde está usted ahora? ¿Qué lleva usted puesto? ¿Lo rodean personas mientras contesta? ¿Es de día? ¿Pero qué importancia tendría? Poca e irrelevante en este caso en el que el personaje en cuestión es rico de por sí en respuestas exquisitas. Disfruten eso sí, como cuando van a un banquete. Nada aquí tiene desperdicio.

Nicolás Samprón Lebed es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad del País Vasco y Especialista en Neurocirugía. Nació y estudió en Argentina.

A lo largo de su trayectoria ha realizado distintas estancias internacionales con el objetivo de ampliar sus conocimientos en distintas disciplinas de su especialidad, y un ejemplo de ello es su estancia en el Hospital Universitario Central de Helsinki sobre cirugía neurovascular. Entre sus logros académicos se destaca por recibir el premio al mejor residente en el Hospital Universitario Donostia en 2009 y por obtener la certificación europea en Neurocirugía. Autor de numerosas publicaciones a nivel nacional e internacional y participante en multitud de conferencias y simposios, actualmente pertenece al proyecto Logik del Instituto Onkologikoa situado en Donostia, Gipuzkoa. Es docente y Director del Curso de Microcirugía en el Instituto de Investigación Biosanitaria Biodonostia y profesor Invitado en la Universidad del País Vasco, España. Además es miembro de la Sociedad Vasca de Neurocirugía, de la Sociedad Española de Neurocirugía (SENEC), y de la Asociación Europea de Sociedades Neuroquirúrgicas (EANS)

Interludio
“Nací en Jacinto Arauz, provincia de La Pampa, República Argentina, en el año 1976. Eran tiempos difíciles. Ahora sé que, como a muchos otros niños, muchos de los acontecimientos de aquellos años en los que no podemos influir más que de forma indirecta trazaron el camino del resto de mi vida.

Mis primeros recuerdos son de Necochea, donde vivíamos con nuestros padres y donde nació mi hermano menor.  Tengo muchos recuerdos de esa época, de los veranos que pasábamos en el campo de mis abuelos en Médanos.”

Lo irrefutable
De chico soñaba con inventar y construir cosas. Creo que compartía ese sueño con mi hermano y estábamos todo el tiempo intentando llevar nuestras ideas a la práctica. Ahora me doy cuenta de que nos querían mucho, porque debíamos ser bastante insoportables y a veces temerarios. Antes de cumplir 10 años hachábamos árboles, construíamos refugios, cavábamos túneles, íbamos solos a pescar (en Necochea y con ese viento), andábamos por la calle en bici, caminando, corriendo y más tarde en skate…

En verano cuando no era el campo era la playa de sol a sol y ahí también, a construir túneles, pistas, acueductos y en el agua todo tipo de actividades con olas o sin ellas.

También recuerdo algunas tardes de verano de tedio en casa de mis abuelos paternos al sol de la siesta. Ahí inventábamos cosas, como todos los pibes, y conspirábamos, pero creo que no había mucha acción.

Estudié el secundario en el colegio Nacional 2 de Mar del Plata . Me gustaba la biología, pero le faltaba el contacto con las personas y entonces la medicina surgió como una idea irrefutable. Desde bastante temprano no tuve dudas de que quería estudiar medicina. Nunca imaginé estudiar otra cosa.

981288_621104811241815_1018309859_o-1Confianza
En la Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Ciencias Médicas a la que le debo mucho, estudié como un obseso y todo me gustaba y todo me interesaba. Mi cerebro estaba en disposición de todas sus facultades, de manera que, a juzgar por mi expediente académico, fui un muy buen alumno, y nunca lo había sido hasta ese entonces. Quiero decir, en la primaria y en la secundaria creo que era bastante mediocre, pero en la Facultad era bueno.

Nunca desaprobé un examen y tenía una colección de dieces importante y lo digo con orgullo porque creo que esos fueron mis primeros éxitos genuinos, conseguidos  en base a un esfuerzo puro, simple y noble, como se suele hacer a los 18 años. Era de esos estudiantes sinceramente obsesivos, de esos que cuando van por la calle siguen estudiando, leyendo y repasando y volviendo a pensar todo en su imaginación. Es un milagro que no me haya pisado un coche, conociendo el tránsito de La Plata. Los domingos iba a los conciertos de música clásica que se organizaban en la antigua municipalidad. Muchas semanas, esa era toda mi vida social.

El ovillo
Creo que todas las materias me gustaban empezando con Ciencias Sociales y terminando por Medicina Legal y Forense, todas me gustaban. Biología Molecular me interesó particularmente y me presenté al concurso de ayudantes (después de sacar un 10 en el examen) pero no me aceptaron. Cuando me tocó el turno me pidieron que dibuje y explique (el aula estaba llena de profesores) el huso mitótico. La explicación fue bastante buena pero el dibujo fue defectuoso (el centrosoma parecía, me dijeron o sugirieron, un ovillo de lana en la cueva de los gatos).

Primer fracaso, una lástima.
Participé aún en unas prácticas de laboratorio que se organizaban los sábados en las que hacíamos experimentos con la inhibición de la bomba sodio/potasio. No fui capaz de encontrar un lugar para trabajar en esos laboratorios, probablemente ya estaban saturados de investigadores o era yo que estaba muy inmaduro.

Una tarde…
Hacia el cuarto o quinto año, nos daban la posibilidad de cursar materias fuera de La Plata, entonces con un amigo amigo nos fuimos a la Ciudad de Pergamino, lo cual resultó haber sido una buena decisión. Además de la clínica, nos encontramos en un hospital sin estudiantes ni residentes y entonces todas las puertas se abrían. Ahí atendí mi primer parto (la niña se llamó Isabela, ahora debe tener la edad que yo tenía entonces) ahí mi primera vía venosa, mi primera sutura, y mi primer infarto (no mío, sino de un paciente), mi primera fractura, mi primer ACV, mi primer diálisis, mi primer punción medular, mi primer punción lumbar y mi primera Neurocirugía.

Una tarde apareció en la guardia un médico en alpargatas y bombacha, dijo que era el neurocirujano, que tenía que operar a un muchacho a ver si podíamos ayudarlo. Ahí mi primer lavado quirúrgico. Era un cirujano rápido y eficaz según puedo juzgar ahora. Al final me aconsejó después de que le dijera que no sabía qué especialidad seguir; la neurocirugía es una linda especialidad, “no hagas pediatría, es lo peor” (sic).

Más tarde cursando Neurología en el Hospital Regional de Mar del Plata con el Dr. Rosi no tuve dudas de que era la especialidad que me gustaba. En el último año cuando tuve oportunidad de conocer de cerca la vida hospitalaria, supe que debía ser cirujano.

Sus orígenes
Mi padre es ingeniero agrónomo. Mi madre es profesora de psicología, psicopedagogía y no sé cuántas cosas más. Se conocieron en la Universidad de Bahía Blanca, pero se divorciaron en 1983.

Mi padre fue secuestrado en el 1976 dos o tres días después de que yo naciera. La historia está escrita en los llamados juicios de La Pampa.

Yo creo que una cosa es la historia de mi padre. Por cierto, se llama Carlos José Samprón, vive en Necochea, su historia es pública, y con todo tipo de detalles incluyendo tortura con picana eléctrica en el escroto, simulacro de fusilamiento y otros horrores…

No lo asesinaron de milagro.

El relato de un sufrimiento vano…

¿Qué se siente?

Angustia perenne… Sentimiento de profunda injusticia irreparable… Fluye y sigue una catarata de sufrimiento inútil…. Curiosidad de pensar qué hubiera sido de nosotros sin esa injusticia…

Desde el punto de vista político, creo que el conjunto de crímenes organizados que cometió el usurpado estado de la República Argentina durante mis primeros años de vida son la fundación de nuestra historia moderna, el origen de nuestros males actuales.

Dos de mis abuelos, los paternos eran españoles. Los otros dos argentinos. Ninguno de mis bisabuelos era argentino.

144
Cuando terminé la carrera, mi madre, en los últimos estertores de la Ley de Convertibilidad, me regaló un pasaje a Madrid. Como muchos argentinos, siempre quise conocer Europa…

El avión salió, como el helicóptero de de la Rúa en diciembre de 2001. Al principio me lo tomé con calma. Estuve tres meses en Madrid abusando de la hospitalidad de los madrileños. Después gracias a un contacto familiar me propusieron un puesto de becario en el Hospital Universitario Donostia de San Sebastián. Ahí pasé dos años, pensando volver a hacer la residencia a Argentina pero sin ninguna convicción.

En España, el acceso a la formación médica especializada se hace a través de un examen nacional único: “el MIR”. Tiene la reputación de ser extremadamente difícil. Los aspirantes invierten meses o años en prepararlo, algunos se encierran por temporadas en conventos… Hay academias privadas que deben su sustento exclusivamente a este examen.

Yo me presenté en la convocatoria 2003/4 con la convicción de encontrar en el resultado la excusa para volver a Argentina y con la secreta esperanza de tener éxito.

Lo segundo ocurrió. Quedé en el puesto 144 de unos 8.000 aspirantes. Con ese número podía aspirar a cualquier ciudad y cualquier hospital. Ya no podía volver en los siguientes 5 años y pude hacer la especialidad que siempre había anhelado.

Me encontré en posición de elegir. Tenía la posibilidad de elegir en qué ciudad vivir de entre muchas espléndidas y de elegir una especialidad entre muchas. Tenía que elegir y sabía que elegir una opción era rechazar otras muchas y que no iba a haber otra oportunidad. Era consciente de estar en una encrucijada importante para mi vida.

Aria: El Jefe
La mayoría de las veces no tenemos la posibilidad y las circunstancias y otros eligen por nosotros.

Elegir por uno mismo de forma tan clara una parte relevante del resto de tu vida es un verdadero privilegio.

Fue en ese entonces que conocí al Dr. Enrique Urculo (para mí, en adelante, “el Jefe”) y ya no tuve dudas.

Creo que al jefe y a mí nos pasó como a La Maga y a Oliveira: “Andábamos sin buscarnos, pero sabíamos que andábamos para encontrarnos”. En ese entonces yo me ganaba la vida como ayudante de un cirujano plástico y el Jefe estaba operando en el quirófano de al lado así que cuando pude, pedí permiso y fui a ver. Era una paciente joven y hermosa, estaba dormida (anestesiada) y la habían sentado en la misma posición que el peluquero nos pone para cortarnos los pelos de la nuca. La pobre tenía un tumor en la glándula pineal que la estaba matando.

El Jefe había abierto, estaba expuesto el verdadero centro del cerebro y me dio la impresión de que era una cosa sencilla, utilizando las hendiduras naturales para llegar al lugar en que René Descartes situó el alma humana. El Jefe llama a esta región “la capilla” porque es donde está “el alma” y no le falta razón desde el punto de vista estético. Hay allí una estructura que se denomina incisura tentorial que realmente parece una capilla o una ventana gótica, están las venas cerebrales profundas que cuelgan como adornos y en el centro la glándula pineal que es el alma recostada en la lámina cuadrigémina.

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Venciendo al Sol
Actualmente mi trabajo es fundamentalmente asistencial, soy un Neurocirujano general e intento ayudar a pacientes con problemas cerebrales o de la columna vertebral principalmente.

Desde mis tiempos de residente empezamos a estudiar una de las formas de cáncer más agresiva que es un tumor cerebral llamado glioblastoma. Fue el motivo de mi tesis doctoral y hemos conseguido consolidar en el Hospital y en el Instituto Biodonostia un grupo de trabajo dedicado exclusivamente a la investigación de los tumores cerebrales y en estrecho contacto con la atención de los pacientes.

La musica…
Ahora escucho la peor música basura porque es lo que le gusta a mis hijos, especialmente a Emma que siempre me pone una radio que se llama “megastar”. Reconozco que la disfruto porque veo que Emma la disfruta. Cuando estoy solo, en general escucho la radio, los programas de política son los que más me gustan. Los podcast de filosofía de la radio francesa de Michel Onfray me los escucho todos (ahora no los hace más). Si escucho música pongo una radio que se llama Classic and Jazz. A veces necesito escuchar la Pasión según San Mateo de Bach. Tuve una época operística. Sé algunas arias de memoria. Me gusta el tango.

Sin ninguna duda, mi infancia y mi adolescencia se ilustran con el tango, especialmente los años que viví en La Plata. Los tangos viejos que se tocaban con guitarra. Y el Polaco Goyeneche.

Recitativo
El periodista francés Bernard Pivot rescató lo que ya  se conocía como Cuestionario de Proust para su programa de entrevistas a personalidades del mundo de la cultura titulado Apostrophes. Entre los escritores que pasaron por el Cuestionario de Proust se encuentran Susan Sontag, Milan Kundera, Nabokov, Norman Mailer, Marguerite Yourcenar, Marguerite Duras, Umberto Eco o Tom Wolfe, entre otros. Además, también lo hicieron importantes líderes políticos como el Dalai Lama o François Mitterrand, cineastas como Roman Polanski o François Truffaut y otros intelectuales como Claude Lévi-Strauss o Pierre Bourdieu.

¿Principal rasgo de su carácter?
Perseverancia

¿Qué cualidad aprecia más en un hombre?.
Lealtad

¿Y en una mujer?
Lealtad

¿Qué espera de sus amigos?
Alegría

¿Su principal defecto?
Pereza

¿Su ocupación favorita?
Jardinería

¿Su ideal de felicidad?
Mate con “sanguichitos de salamín” (cuando se entere Subijana)

¿Cuál sería su mayor desgracia?
Cualquier cosa mala que les pase a mis hijos

¿Qué le gustaría ser (si no fueras medico neurocirujano)?
Domador de caballos

¿En qué país desearía vivir?
Argentina

¿Su color favorito?
Azul

¿La flor que más le gusta?
La de las calabazas, riquísimas.

¿El pájaro que prefiere?
El choique, el tero

¿Sus autores favoritos en prosa?
Balzac, Tolstoi, Carpentier

¿Sus poetas?
Borges

¿Un héroe de ficción?
Sherlock Holmes

¿Una heroína?
Teresa Panza

¿Su compositor favorito?
El de Salzburgo

¿Su pintor preferido?
Malevich

¿Su héroe de la vida real?
Mascherano

¿Su nombre favorito?
Son dos, si no se enojan: Teo y Emma

¿Qué hábito ajeno no soporta?
La queja estéril y constante

¿Qué es lo que más detesta?
Impunidad

¿Una figura histórica que detesta?
Codesal

¿Qué sonido le gusta y cual detesta?
Me gusta la lejana letanía de las palomas monteras en lo alto de los montes de eucaliptos. No me gusta el ruido del teléfono de la guardia…

¿Qué don de la naturaleza desearía poseer?
La vista del águila, el olfato de un sabueso, la lengua de un gato, la fuerza de un oso y la capacidad amatoria de algunos monos…

¿Cómo le gustaría morir?
No me gustaría morir

¿Cuál es el estado más típico de su ánimo?
Abstraído

¿Qué defectos le inspiran más indulgencia?
Coquetería

 ¿Cree en Dios? ¿En qué cree?
Solo si se refiere a esa antigua, eficaz y polivalente metáfora


COMENTARIOS

patricio mauro saint genez 28-11-2016 03:08:11

Nico Sampron, un grande. Un Gran amigo. Tengo muchas anécdotas. Una es de los comienzo de la Jardinería donde sembrábamos morrones en los entretiempos de estudios.

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