Las mujeres tienen la culpa


Imagen perteneciente a una campaña hecha en Hungría, en la cual culpaban a las mujeres de las violaciones por su vestimenta y por salir a bailar.
Imagen perteneciente a una campaña hecha en Hungría, en la cual culpaban a las mujeres de las violaciones por su vestimenta y por salir a bailar.

Latinoamérica está viviendo un tiempo convulsionado, se remecen las aguas de la democracia, de la economía y de la sociedad en general, que presenta radicalmente su malestar contra lo que ve, cansada de unos y otros, molesta porque ha sido traicionada históricamente, por los que piensan distinto y ahora también por los que se supone representaban sus ideales. No queda en quién confiar, entonces se extiende la mano desesperada a cualquiera que le prometa que esto cambiará, que la corrupción terminará y que volveremos a ser lo que éramos antes, en un afán de ensalzar un tiempo dorado como tópico literario indecente.

Nuestra incapacidad para reaccionar, nos lleva siempre a lo mismo, en vez de trabajar en la solución, trabajamos en buscar culpables, para que la rabia tenga una dirección, para que los proyectiles tengan un blanco y los garabatos un oído directo que los reciba.

Hoy en Latinoamérica la culpa de todo esto la tienen las mujeres y se lo hacemos notar de la forma más brutal que podemos, porque somos machistas y entonces ella es un objetivo fácil, que parece representar todos los problemas que vivimos como sociedad y que no son pocos. No pocas veces, escucho con vergüenza y asco que la mujer es culpable de las violaciones, porque ella lo busca al vestirse provocativamente, es culpable de que se rapten a sus hijos en donde la trata ya es un oficio más, porque ella descuidó su rol de niñera, es culpable de la perversión del hombre y de su distracción en misa cuando lleva una falda muy corta. La mujer es culpable incluso de la corrupción que existe en nuestro continente, como si la corrupción hubiese aparecido hoy por primera vez, porque así parece, ya que de todos los presidentes corruptos que ha tenido Argentina, Brasil, Chile, como ejemplos, los únicos que son abiertamente culpables de lo que está pasando por su participación en supuestos hechos de corrupción, son las mujeres.

Es que no pueden venir y entrar al club que históricamente le ha pertenecido a los hombres, porque serán incluso los de sus mismos conglomerados o “aliados”, quienes las acusarán, porque les incomoda verlas ahí, les molesta en su ego animal básico.

Podemos permitir a cualquier corrupto, menos a una mujer, porque no pueden venir acá, donde le hemos permitido estar por primera vez como acto pintoresco y cometer los mismos errores y abusos que sus antecesores, todos los demás pueden, menos ellas, menos cuando su influencia comienza a despertar la atención del resto del mundo. Como machistas asquerosos que somos no se lo permitiremos y haremos cualquier cosa para recuperar el orden natural, el que nos enseñaron los españoles cuando nos libraron de la barbarie con su libro mesiánico.

No solo las sacaremos del poder, sino que además dejaremos claro cuál es la imagen que nos gusta representar en ese lugar, la de un tipo poderoso, prepotente, como patrón de campo, que deje en claro que acá la democracia solo sirve para que todos puedan votar, pero que manda uno (o unos, 1%) y el resto se calla, obedece, como en la mesa familiar de la edad media, y si tiene a su lado una mujer joven que parezca modelo, mejor, entonces así quedará bien claro cuál es nuestro ideal de sociedad. Y volveremos orgullosos a repetir que en esos tiempos sí que había respeto por la sociedad, eso sí que era educación cívica, basada en el orden y control.

No se extrañen de las propuestas de nuestros próximos candidatos al poder, con ideas cada vez más radicales, como eliminar la cultura de la preocupación del país y sacar a todas las mujeres que se encuentren en el gobierno, como lo hizo recientemente Temer en Brasil. No se extrañen de lo que está pasando en Europa con el resurgimiento de grupos nacionalistas. No se extrañen de las locuras de Trump, porque cada día tienen más adeptos, porque representan lo que está por desaparecer y eso les genera pánico y desesperación.

El quiebre generacional ha llegado a su punto más álgido y comenzaron a chocar las visiones del mundo. Entonces se buscan culpables, y como alguna vez fueron las brujas, en Latinoamérica serán las mujeres, en Estados Unidos serán los migrantes, pero siempre culparán a alguien más de sus errores como sociedad, porque llegó el ocaso, no nos damos cuenta que solo son dinosaurios peleando contra el meteorito.

Espero entonces la era glacial, el principio de lo nuevo en nuestras cabezas.